Bingaro, a Juggler from the Year 1065

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The following story was published in the German newspaper Der Adler (The Eagle) on April 30, 1840. It is written in a kind of old German, so there were a couple of paragraphs that could not be translated; others were omitted for lack of context in the text. The story concludes with the visit of the juggler named Bingaro to the sultan who “is lonely out of boredom,” but there is no precision about the juggling act or about what happens beyond a prayer.

I thank Maximiliam Kuschmierz for his fantastic help in translating the text.

Reference image.

In the year 1065, on the 24th day of the Bayram festival, a large crowd of Muslims gathered in front of the Sofia Mosque. Some stood up, children sat cross-legged on woolen rugs that had been spread out on the sand. Little by little, the group increased as believers came out of the temple, as well as passers-by. Everyone’s gaze was fixed on a certain point in the middle of the stage.

Illustrative drawing about the Bayram festival of 1888. You can see that a person is on top of stilts, which is related to the circus. The story of Bingaro, and the drawing, gives us to understand that in Muslim festivals there were acts of circus and juggling.

In the middle of the stage stood a young man with a slender well-built physique, tanned skin, and an elegant aura around him. Beside him was a table containing knives and copper balls. The man was dressed in green silk, heightening his stage presence. His strange yet elegant attire identified him as the juggler known as Bingaro.

Soon, the crowd was so large that the last rows could hardly see the artist’s spectacle. One after another, he tossed copper balls into the air, making them sparkle in the sunlight. As they went down, he flung them back up with twice the speed, painting all sorts of shapes on his way. Sometimes they became a golden shower around the dome of the church, sometimes in an elegant arc around the magician’s hat. The ease and grace with which the juggler made his props dance promised even greater miracles.

In fact, he soon dropped his balls into an urn in front of his feet with a brilliant sound. He then picked up a yatagan [a type of Ottoman knife or short sabre] and a shiny damaszener [another kind of ancient knife/sword]. He balanced the edge of the yatagan on the damaszener and spun around in quick motions. The Men of Faith, impressed with his skill, bowed their heads before him.

The juggler continued, unimpressed with the cheers from the crowd. He picked up an egg and balanced it on the table, before hitting it with the knife, without crushing it. A skeptical onlooker picked up the egg, but it broke in two at the slightest touch of his hands. The juggler took off his hat, revealing his broad forehead.

He then took an iron pyramid and placed it on his head. On top of the pyramid, he placed a curved saber with such speed that the spectators did not notice his presence for a moment.

Suddenly the sword seemed to lose its balance, heading towards the young man’s head. Some of the Europeans turned pale and avoided looking at them, but the juggler was in total control. The act he performed fulfilled his duty. The yatagan that saved the egg was now used to cut the pyramid in two (while he caught the sword). This and other daring acts followed with force and precision.

The juggler’s recklessness struck the minds of the stern men and even made them laugh at the jokes the young men made during his performance.

In a rare exception he combined the skill of an Indian artist with the wit of an Arab storyteller. After each trick, he paused briefly to continue his story, entertaining both the eyes and ears of the crowd.

In the moments when his game seemed to come to a bloody end, all was silent except for the swing of the sword and the hiss of the juggling balls.

Soon the performances seemed to come to an end, only one ending was missing.

The juggler raised his voice at the end of his story:

“I have just stopped at the moment when the good old derwisch [an old word for a beggar or a practitioner of Sufism, of the Islamic faith, known as Sufis] leads me to the well.” He dipped the Yatagan 3 times in the water and wiped the edge with a palm leaf. “Embrace this sword, it is my son, my whole world, but a good sword in a brave hand is a key that opens all doors,” the Sufi told me. This iron will give you even greater power, it will allow you to see into the future and neither the night nor the passage of time will be able to hide their secrets from you.” He wanted to thank the Sufi who had gone. From this day I can predict the future, I make many happy, but I still hope for the success that the Sufi promised me.”

A smirk appeared on a young man’s face as he listened to the juggler’s story while a somewhat wistful mood appeared on Bingaro’s face.

The young man asked him: “Since you are a magician you must know the sultan’s favorite flower. Answer to me.”

“Aleppo’s red poppy,” replied the juggler without hesitation.

“When does the sultan sleep?” asked the young man, stunned by the quick response.

“Never,” murmured the juggler.

 

Relato sobre un malabarista del año 1065

La siguiente historia fue publicada en el periódico alemán Der Adler (El Águila) el 30 de abril de 1840. Está escrita en una especie de alemán antiguo, por lo que hubo un par de párrafos que no se pudieron traducir; otros se omitieron por la falta de contexto en el texto. El relato concluye con la visita del malabarista llamado Bingaro al sultán que “está solo de aburrimiento”, pero no hay precisión sobre el acto de malabares o sobre que sucede más allá de una oración.

Agradezco a Maximiliam Kuschmierz por su fantástica traducción.

Referencias:

1- Algún tipo de antiguo cuchillo/espada.

2- Derwisch es una palabra antigua para un mendigo o un practicante del sufismo, de la fe islámica, conocidos como sufís.

Imagen de referencia. 

En el año 1065, el día 24 del festival de Bayram, se reunió una gran multitud de musulmanes al frente de la mezquita de Sofia. Algunos se pusieron de pie, los niños se sentaron con las piernas cruzadas sobre alfombras de lana que habían sido extendidas sobre la arena. Poco a poco, el grupo fue aumentando a medida que los creyentes salían del templo, así como de los transeúntes. La mirada de todos estaba fijada en cierto punto en medio del escenario.

Dibujo ilustrativo sobre el Bayman festival de 1888. Se puede ver que una persona está encima de unos zancos, lo que es relacionado al circo. La historia de Bingaro, y el dibujo, nos da a entender que en festivales musulmanes hubo actos de circo y malabarismo.

En medio del escenario se encontraba un joven con un físico esbelto bien construido, una piel bronceada y un aura elegante a su alrededor. Junto a él había una mesa que contenía cuchillos y bolas de cobre. El hombre estaba vestido con seda verde, elevando su presencia en el escenario. Su extraño, aunque elegante atuendo, lo identificaba como el malabarista conocido como Bingaro.

Pronto, la multitud fue tan numerosa que las últimas filas casi no pudieron contemplar el espectáculo del artista. Una tras otra, lanzó bolas de cobre al aire, haciéndolas brillar a la luz del sol. Mientras bajaban, los arrojó de nuevo hacia arriba con el doble de velocidad, pintando todo tipo de figuras en su camino. A veces se convertían en una lluvia dorada alrededor de la cúpula de la iglesia, a veces en un elegante arco alrededor del sombrero del mago. La facilidad y la gracia con que el malabarista hacía bailar a sus accesorios prometía milagros aún mayores.

De hecho, pronto dejó caer sus bolas en una urna frente a sus pies con un sonido brillante. Luego cogió un Yatagán y un reluciente Damaszener(1). Equilibró el borde del Yatagán en el Damaszener y giró con movimientos rápidos. Los Hombres de fe, impresionados con su habilidad, inclinaron sus cabezas ante él.

El malabarista continuó, poco impresionado con los vítores de la multitud. Cogió un huevo y lo equilibró sobre la mesa, antes de golpearlo con el cuchillo, sin aplastarlo. Un espectador escéptico recogió el huevo, pero se rompió en dos con el más mínimo toque de sus manos. El malabarista se quitó el sombrero y dejó al descubierto su amplia frente.

Luego tomó una pirámide de hierro y la colocó sobre su cabeza. Encima de la pirámide colocó un sable curvo con tal velocidad que los espectadores no notaron su presencia por un momento.

De repente la espada pareció perder el equilibrio, tomando rumbo hacia la cabeza del joven. Algunos de los europeos se pusieron pálidos y evitaron mirarlos, pero el malabarista tenía el control total. El acto que realizó cumplió con su deber. El yatagán que salvó el huevo ahora se usó para cortar la pirámide en dos (mientras él atrapaba la espada). Este y otros atrevidos actos siguieron con fuerza y ​​precisión.

La imprudencia del malabarista llegó a la mente de los hombres severos e incluso los hizo reír por las bromas que los jóvenes hicieron durante su actuación.

En una rara excepción combinó la destreza de un artista indio con el ingenio de un narrador árabe. Después de cada truco, hizo una pequeña pausa para continuar con su historia, entreteniendo tanto a los ojos como a los oídos de la multitud.

En los momentos en que su juego parecía llegar a un final sangriento, todo quedó en silencio excepto por el balanceo de la espada y el silbido de las bolas de malabarismo.

Pronto las actuaciones parecieron llegar a su fin, solo faltaba un final.

El malabarista alzó la voz para el final de su historia:

“Acabo de detenerme en el momento en que el buen viejo derwisch (-2- Sufi) me lleva al pozo. Sumergió el Yatagán 3 veces en el agua y secó el borde con una hoja de palma. “Abraza esta espada, es mi hijo, mi mundo entero, pero una buena espada en una mano valiente es una llave que abre todas las puertas -me dijo el Sufi-. Este hierro te otorgará un poder aún mayor, te permitirá ver el futuro y ni la noche ni el paso del tiempo podrán ocultar sus secretos ante ti”. Quería agradecer al Sufi que se había ido. Desde este día puedo predecir el futuro, hago felices a muchos, pero todavía espero el éxito que el Sufi me prometió”.

Una sonrisa burlona apareció en el rostro de un joven mientras escuchaba la historia del malabarista mientras un estado de ánimo un tanto melancólico apareció en el rostro de Bingaro.

El joven le preguntó: Ya que eres un mago debes conocer la flor favorita del sultán. Respóndeme.

La amapola roja de Aleppo -respondió el malabarista sin dudarlo-.

¿Cuándo duerme el sultán? – preguntó el joven, asombrado por la rápida respuesta-.

Nunca. -murmuró el malabarista-.

1065 年のあるジャグラーの話

次の物語は、1840 年 4 月 30 日にドイツの新聞「Der Adler (= 鷲)」誌に掲載された話である。やや古いドイツ語で書かれており、翻訳できない箇所がいくつかあった。また、文脈が不明なため省略した箇所もある。物語は、ビンガロ(Bingaro)というジャグラーが「寂しく暇を持て余している」スルタンのもとを訪れるところで終わるのだが、ジャグリングの内容や、その祈りに何が含意されているかについては、正確なことは書かれていない。

翻訳に多大なご協力をいただいた マクシミリアム・クシュミエルツ(Maximiliam Kuschmierz)氏に感謝する。

参考画像

1065 年、バイラム(Bayram)祭の 24 日目、ソフィア・モスクの前に大勢のイスラム教徒が集まってきた。ある者は立っており、子供たちは、砂の上に広げられた毛織物の敷物の上であぐらをかいて座っていた。寺院から信者が出てきたり通行人が加わったりして、少しずつ人だかりは大きくなる。視線の先にあるのは、舞台中央のある一点だった。

1888 年のバイラム祭の図解。スティルトに人が乗っていることから、サーカスに関係している。ビンガロの話とこの絵から、イスラムの祭りではサーカスやジャグリングが行われていたことがわかる。

舞台の中央には、スレンダーでがっちりした体格、日焼けした肌、そして優雅なオーラをまとった青年が立っていた。その横には、ナイフと銅の球が置かれたテーブルがある。緑色のシルクの服に身を包み、舞台の上で存在感を放っている。この奇妙な格好が、ビンガロとして知られるジャグラーの象徴だ。

人だかりはさらに増え、最後列の観客はこのジャグラーの芸がほとんど見えないほどになっていた。銅の球は次々と空中に放り投げられ、陽光を浴びてきらきらと輝く。球が落ちてくると、今度は 2 倍の速さで上に投げ上げられて、さまざまな形を描いていく。ある時は教会のドームを囲む黄金のシャワーのようであり、またある時はその魔術師の帽子の周囲で優雅な弧を描く。このジャグラーは、道具をいとも簡単に操り、そして華麗に踊らせ、ここからさらなる奇跡が起こることを予感させた。

実際、次の瞬間には足元の壷の中に球が落とされ、見事な音がなる。そして、ヤタガン(Yatagan)(オットーマンナイフの一種、短いサーベル)と、輝くダマスツェナー(Damaszener)(古いナイフまたは剣の一種)を手に取った。そして、ヤタガンの縁をダマスツェナーの上に乗せてバランスをとり、素早い動作で回転させた。信徒たちはその技に感服し、頭を垂れる。

ジャグラーは、観客の歓声に動じず先を続ける。卵を手に取り、テーブルの上にうまくバランスを取って置き、ナイフで叩く。しかし卵は割れない。半信半疑の見物人が手に取ると、ほんの少し触れただけで卵は 2 つに割れてしまった。ジャグラーは帽子を脱ぎ、広い額を見せた。

そして、鉄の三角錐を手に取り、頭の上に乗せた。その三角錐の上に、曲がったサーベルを、目にもとまらぬ素早さで載せる。

突然、剣がバランスを崩し、若き男の頭に落ちてきそうになる。ヨーロッパ人の何人かは青ざめ目を逸らすが、これもすべてジャグラーの手の内である。彼の演技は、職務なのである。卵を救ったヤタガンは、今度は三角錐を真っぷたつにする(剣はキャッチされる)。この他にも大胆な行為が力強く、正確に続いていく。

ジャグラーの無謀とも言える演技は、いかめしい男たちの心を打ち、演技中に語る冗談で、笑いすら誘った。

インドの芸人の技と、アラブの語り部のウィットが合わさった稀有な例である。それぞれの技が終わるたびに、少し間を置いて話を続け、観客の目と耳を楽しませた。

そして芸が終わりに近づくと、剣を振る音と球が空を切る音以外、何も聞こえなくなる。

やがて演技はついに終わるかに見えたが、最後の結末がある。

ジャグラーは話の終盤に差し掛かると、声を張り上げた。

「私は今、古き良き時代のダルヴィーシュ(Derwisch)(托鉢者、またはスーフィズムと呼ばれる、イスラム教の修行者を指す古い言葉)が私を井戸に導く瞬間に立ち止まったのです」彼はヤタガンを 3 回水に浸し、椰子の葉で縁を拭く。

「修行者は私に言いました。『この剣を受け取りなさい、これは私の子であり、私の世界のすべてである。しかし、勇敢な手にある良き剣こそが、すべての扉を開く鍵である。この鉄は、あなたにさらに大きな力を与え、未来を見通すことができるようになる。夜も、時の流れさえも、その秘密を隠すことができなくなる』と」

彼は今はなき修行者に感謝したかったのだ。

「その日から私は未来を予言することができるようになり、多くの人を幸せにしています。しかし私はまだ、修行者が約束したことの達成を望んでいるのです」

ビンガロの顔にはどこか切なそうな雰囲気が漂う。その話を聞いていたある青年はニヤニヤとしていた。青年は彼に聞く。

「魔術師ならば、スルタンの好きな花を知っているはずだ。答えてくれ」

「アレッポの赤いケシです」ジャグラーはためらうことなく答えた。

即答にうろたえた青年はさらに尋ねた。「スルタンはいつ寝ているか?」

「眠ることはありません」とジャグラーはつぶやいた。

和訳: 青木 直哉(AOKI Naoya)

Soy un malabarista deportivo. Tengo la maravillosa oportunidad de escribir para eJuggle. Me gusta la historia, la historia militar, la filosofía, la poesía, las historias raras, y las historias de terror y de horror.

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