Surviving Ethnocide by Juggling

Photo: Jesús García.

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This is the case of the Tzotziles indigenous community in the north state of Chiapas, Mexico, who dropped their customs in order to survive by juggling at the traffic lights in the capital.

Since 2006, drug trafficking and paramilitary groups have taken control in many states in Mexico. They have oppressed many hundreds of peasants, farmers and native people. They stole their land and forcibly displaced them. Rural communities migrated to major cities in search of government support and shelters. But for some reason, much of the promised aid did not come. So they have to fight to survive in a city unknown and indifferent to indigenous people.

An indigenous woman in a gray jumpsuit, long black skirt, and flip flops carries a baby on her back. They are in front of a traffic light with worn lines. And there they show people a brief juggling routine: shower with 4 balls, changing patterns to asynchronous fountain, and ending with wimpy. Their juggling is similar to that of the women of the Tonga Island.

The entire performance lasts less than a minute, in the fleeting time before the traffic light changes to green. The woman waits a few seconds and goes back to her routine. Some people give her coins, others just watch, and others totally ignore her.

The woman explains her life story in her native language. She barely knows how to speak Spanish and she refuses to lose her customs. But the capital demands that she know Spanish. In her description, it can only be understood that she is displaced by the paramilitaries, and is looking for food for her baby.

Photo: León Canales.

Another indigenous woman has a baby with many blankets on her back. It protects them from the hot Chiapas sun. She carries her daughter, about 3-4 years old, on her shoulders. The girl holds a ball in her hands, throws it into the air twice and mimes as if she had more balls to manipulate. They go on to perform for the cars.

When the traffic light turns red, mother and daughter move to the road divider. They seek shade at the traffic light pole, waiting for another opportunity to raise more money for food and clothing. Any help is vitally important. The whole family is seen sitting in buckets, some eat a light snack.

Photo: León Canales. 

They learned to juggle in their hometown. Many use Russian-style balls, others use hand-made balls of different materials. Some are wrapped with black tape and have marks of strong falls.

Photo: León Canales. 

Violence in Mexico has displaced many communities from all regions. The locals in the capital are hostile to them. They mistake them for street dwellers or drug addicts. They just want to go back to their villages, where they have their homes, their culture, their belongings. While this is happening, they ask to be treated as human beings with the right to respect, life, health, housing ,and dignified treatment.

Photo: José Hernández. 

One of the indigenous women says: “(…) we do this because we still don’t want to die, because …”.

Sobreviviendo al etnocidio con malabares

Photo: Jesús García.

Este es el caso de la comunidad indígena Tzotziles, en el norte del estado de Chiapas, México, quienes tuvieron que perder sus costumbres para poder sobrevivir haciendo malabares en los semáforos de la capital.

A partir del año 2006, los grupos narcotraficantes y paramilitares han tomado el control en muchos estados de México. Han despojado a centenares de campesinos, agricultores e indígenas. Les robaron sus tierras y los desplazaron forzosamente. Las comunidades rurales migraron a las principales ciudades en busca de apoyos y albergues del gobierno. Por alguna razón, muchas de las ayudas prometidas no llegaron. Inicia lucha por sobrevivir en una cuidad desconocida e indiferente con los indígenas.

Una mujer  indígena con un buzo gris, una falda negra larga y en chanclas, lleva a un bebé en su espalda. Está al frente de un semáforo de líneas desgastadas. Muestra a las personas una rutina de malabarismo: realiza shower con 4 pelotas; luego cambia de patrón a fuente asincrónica; y finaliza con Wympy.  Su malabarismo es similar al de las mujeres de la Isla de Tonga.

Todo el “performance” dura menos de un minuto, antes de que cambie la luz del semáforo a verde. La mujer espera unos segundos y vuelve a hacer su rutina. Algunas personas le dan monedas, otras solamente miran, y otros la ignoran totalmente.

La mujer explica la historia de su vida en su idioma natal. No sabe hablar español. Se niega a perder sus costumbres, pero la capital le exige saber español. En su descripción solo se puede entender que es desplazada por los paramilitares, y busca comida para su bebé.

Photo: León Canales. 

Otra mujer indígena tiene en sus espaldas a un bebé bien abrigado. Lo cuida del sol de Chiapas, de altas temperaturas. Carga en sus hombros a su hija, de aproximadamente 3-4 años. La niña sostiene una pelota en sus manos, la lanza al aire dos veces. Realiza la mímica como si tuviera más pelotas para manipular. Pasan a cobrar por los carros.

Cuando el semáforo se pone en rojo, madre e hija se hacen en el separador de la carretera. Buscan sombra en el poste del semáforo, a la espera de otra oportunidad para recaudar más dinero, comida, ropa. Cualquier ayuda es de vital importancia. Se ve a toda la familia sentada en baldes, unos comen algo ligero. El hombre de la familia, se hidrata en el separador. Todos trabajan en el semáforo.

Photo: León Canales. 

Aprendieron malabares en su pueblo natal. Tienen pelotas de estilo ruso, unos usan pelotas de diferente material, hay algunas con cinta negra alrededor. Se nota que tienen marcas de fuertes caídas.

Photo: León Canales. 

La violencia en México ha desplazado a muchas comunidades de todas las regiones. Las capitales son hostiles para ellos. Los confunden con habitantes de calle, o drogadictos. Solo quieren volver a sus hogares, donde tienen sus casas, su cultura, sus pertenencias.  Mientras esto sucede, piden ser tratados como seres humanos con derecho  al respeto, a la vida, a la salud, a la vivienda y al trato digno.

  Photo: José Hernández. 

Una de las mujeres indígenas dice: “(…) hacemos esto (malabares) porque todavía no queremos morir, pues…”.

Soy un malabarista deportivo. Tengo la maravillosa oportunidad de escribir para eJuggle. Me gusta la historia, la historia militar, la filosofía, la poesía, las historias raras, y las historias de terror y de horror.

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